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Alfombras de exterior

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Alfombras de exterior: porque las terrazas y jardines también quieren sus alfombras

Habitualmente asociamos el término “alfombra” a los interiores de los hogares. Pero las alfombras de exterior han llegado para desmentir tal creencia, y demostrar que los porches, terrazas, jardines y piscinas también pueden (y deben) tener sus propias alfombras aptas para exterior.

Naturalmente, una alfombra para exterior tiene sus requisitos y exigencias, mucho más duras que las alfombras pensadas para decorar suelos en el hogar.

Las alfombras de exterior vienen siendo a los suelos como los todoterreno a los coches: piezas con especificaciones más duras, pensadas para recibir un trato duro y no quejarse por ello.

Pero igual que los todoterreno, una alfombra para exteriores no puede permitirse el lujo de no ser decorativa o de no aportar algo a la decoración. 

Ya no vale poner una alfombra solo porque cumpla una finalidad práctica, sino que además nos tiene que alegrar la vista cuando la veamos, y tiene que integrarse en el conjunto como cualquier otro elemento de la decoración.

¿Por qué necesito una alfombra para exterior?

Por supuesto que podremos pasar muchas veladas en el porche o en la terraza, sentados en nuestras sillas o tumbonas, o comiendo en la mesa de jardín sin una alfombra en el suelo.

Pero solo si redondeamos la decoración de ese rincón con una alfombra conseguiremos sentirnos en el exterior como si estuviéramos en el interior de nuestra casa.

Porque una alfombra no es un complemento superfluo o meramente redundante, sino un elemento fundamental de cualquier ambiente. Y los exteriores no son una excepción. 

Al tener una alfombra bajo nuestros pies aumenta el confort y se completa la sensación de hogar en toda la extensión del término. Las alfombras de exterior hacen las terrazas y azoteas más acogedoras, los jardines más alegres y las piscinas más seguras e integradas.

 Requisitos de una alfombra para exterior

Una alfombra apta para exterior necesita cumplir con varias características, ya que tienen que ser mucho más resistentes que las alfombras de interior. 

Si las alfombras de interior bailan ballet, las de exterior deben saber jugar al rugby. Donde las alfombras de interior pueden permitirse delicadeza, las de exterior deben ser robustas y resistentes.

Esto es lo que debe ofrecer una buena alfombra apta para exterior:

  • Debe ser impermeable, para aguantar la lluvia y salpicaduras junto a piscinas, etc.
  • Debe resistir la luz del sol y los rayos UVA sin decolorarse.
  • Debe poder limpiarse con facilidad
  • Y no por todo lo anterior debe dejar de ser decorativa.

En suma, debe ser capaz de resistir las inclemencias del tiempo y las duras pruebas de la intemperie sin perder la sonrisa y sin envejecer más de la cuenta.

Los materiales de las alfombras de exterior

La mayoría de los materiales orgánicos sufren con la intemperie, de modo que no son indicados para las alfombras de exterior. 

Aunque hay algunos materiales, como el bambú, que nos pueden permitir un uso mixto, en terrazas cerradas, o sacándolas a la intemperie en determinados momentos y luego reintegrándolas al interior.

Pero si hablamos de alfombras de exterior en sentido estricto, los materiales sintéticos ofrecen más duración y mucha más resistencia. 

De entre ellos, las alfombras vinílicas destacan por cumplir todas las especificaciones que necesitan las alfombras de exterior: son resistentes, son impermeables, son muy fácilmente lavables y resisten los rayos UVA. 

Las alfombras vinílicas de tejido compacto están formadas por una capa de trenzado vinílico unida mediante termosellado a la base de goma, de modo que queda una única capa estanca e impermeable. Es decir, que el agua ni siquiera penetra a través.

Con la misma materia prima de las alfombras vinílicas, las alfombras de polipropileno nos ofrecen casi todas las mismas virtudes pero con mucha más variedad de texturas, trenzados y colores.

La mayoría de las alfombras de polipropileno son aptas para exteriores, y muchas de ellas no lo parecen en absoluto: parecen delicadas alfombras de interior que sin embargo tienen lo que hay que tener y son capaces de aguantar las condiciones de la intemperie.

Este tipo de alfombras son impermeables, es decir, que el agua no penetra en los tejidos, aunque no son estancas, es decir, que el agua puede colarse a través del trenzado.

Otros tipos de alfombras aptas para exterior son por ejemplo de plástico reciclado, PVC y otros materiales sintéticos y vinílicos.

La limpieza de una alfombra para exterior

Las alfombras de exterior sufren un trato mucho más duro que sus hermanas de interior, y a pesar de ello, aunque suene paradójico, su mantenimiento es mucho más sencillo. 

Porque como alfombras impermeables que son, su fuente principal de limpieza es el agua, ya aplicada con esponja, paño húmedo, manguera o fregona (dependiendo de cada modelo).

Con un poco de jabón neutro será suficiente en la mayoría de los casos allí donde el agua no lo sea y para manchas específicas seguiremos las instrucciones de cada material y mancha.

De hecho es mejor no emplear ningún producto que no sea agua o jabón neutro si no está específicamente recomendado.

Las alfombras de exterior, también a la medida

Dentro de la gama de alfombras de exterior, tenemos alfombras con medidas estándar ya hechas, pero también existen alfombras de exterior para confeccionar a la medida, principalmente vinílicas y de polipropileno. 

Esto es importante porque los espacios en exteriores son mucho más diversos que en interior, y muchas veces necesitaremos formas específicas para adecuarse a los bordes de las piscinas, a porches alargados, terrazas con forma irregular...

Por eso las alfombras para exterior a la medida te permiten disfrutar de la alfombra sin ninguna limitación.

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